Jurisdicción especial para Uribe y Vargas Lleras

Quizás, ahora, haya que hablar de la Jurisdicción Especial para políticos. Después de todo han demostrado que la paz es la excusa del poder que todos quieren debutar.

Por: Jennyfer Solano Betancourt

Estudiante de Comunicación Social- Periodismo y Licenciatura en Español y Literatura. Universidad Autónoma del Caribe.

 

La prensa colombiana debe estar interrumpiendo el café matutino del senador Álvaro Uribe Vélez. Me lo imagino en el sofá de su cuarto de estudio, pensativo, irritado, planeando la próxima jugada, el próximo pitazo, arrugando el periódico y telefoneando al administrador de su cuenta de Twitter.

No, esa no podría ser la escena de alguien que ya tiene postgrado en ‘libradas de metida de pata’. Pero es tentativo pensar que, con la Jurisdicción Especial para la paz, JEP, la justicia colombiana no juzgará por estratificación de poderes y favores.

La JEP fue creada a través del Acto Legislativo 001 de 2017 y responde al punto cinco del Acuerdo Final entre la guerrilla de las FARC y el Estado colombiano. Sin embargo, las particularidades de su estructura y funcionamiento serán plasmadas posteriormente en una Ley Estatutaria.

Hay una particularidad que me emociona: la contemplación de un título para regular los tratamientos especiales diferenciados para agentes del Estado. No habrá procesos penales respecto a algunos delitos; pero no se exceptuará los crímenes de lesa humanidad, el genocidio, el desplazamiento forzado, los graves crímenes de guerra, entre otro más. Hacía falta que, para la construcción de paz, los victimarios no se redujeran a la guerrilla, el Estado tendría que responder por su acción consensuada durante el conflicto armado.

La prensa colombiana, en cambio, interrumpe mi jornada ordinaria, me regala una mínima dosis de felicidad para el día. Abro los ojos cada vez más; mientras estoy al frente del computador, me retiro lentamente de la pantalla, me quedo pensativa, me vuelvo a acercar, sonrío, pienso: “Uribe podría ir a la cárcel”. Paso al otro titular y se confunde mi fe en la operatividad jurídica cuando se habla del cartel de la toga, del escándalo de la Corte Suprema y demás problemas por los que ahora está pasando la justicia tradicional.

Por otro lado, la frase que lanzó el precandidato a la presidencia, German Vargas Lleras, sonó a trueno olímpico: “No podemos aceptar que ahora se procese a todo el sector productivo del país, a los contradictores políticos, a los partidos”.

—¿Lo dijo en serio?

—Pues sí, el honorable está practicando su discurso

—¿Para el próximo capítulo de Hey, soy German?

—No, para su candidatura…¡Vargas a la Presidencia!

—¡Pero qué peligro!

¿Cómo es que los políticos y líderes de Estado no deben asumir y rendir cuentas dentro del marco de la JEP? ¿Cómo es que se construye paz con la verdad contada a medias, con una parte de los victimarios? ¿Cómo se repara a las víctimas con una justica dividida?

La actitud casi aniquilante en contra de la JEP, por parte de los opositores parece indicar que en el marco de la “justicia” se debería incluir parciales de tratamiento, porque al criminal de corbata se le juzga con la misma hipocresía y diplomacia con la que entienden el respeto por el pueblo. Quizás, ahora, haya que hablar de la jurisdicción Especial para políticos. Después de todo, han demostrado que la paz es la excusa del poder que todos quieren debutar.

En tanto, el equipo de la JEP conformado por los 38 magistrados y 13 suplentes, de los cuales más de la mitad son mujeres; una cuarta parte son indígenas o afros, muchos de ellos especialistas en derechos humanos y otro grupo son académicos, marca la diferencia con el perfil del país jurídico que tenemos.

Sin embargo, mi optimismo no llega a pensar que serán el ‘dream team’ del que tanto hablan; pero al menos se está intentado ser los más transparentes, incluyentes e imparciales. Todo por una verdadera reparación de las víctimas y la construcción de la tan anhelada paz. Entre otras cosas, no creo que a Vargas Lleras solo le importe la privación de la libertad de su quizás, nuevo aliado, Uribe Vélez. ¿Qué será lo que tanto le preocupa?

 

 

 

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