El centro histórico de Santa Marta es un pequeño universo lleno de colores, sabores y turistas   

Por: Stephanía Diazgranados Villarreal

Estudiante Comunicación Social y Periodismo

El Centro Histórico de Santa Marta es un pequeño universo, donde el tiempo se congela y la gente ríe, es feliz y ama la vida. Esta ciudad se ha convertido en los últimos años en uno de los destinos obligados para los turistas, que una vez llegan ya no quieren marcharse, pues se dejan seducir poco a poco por la Perla de América, al punto de enamorarse de ella, sentirse en su hogar, como si el suave viento que baja de la mar les susurrara al oído: ¡Quédate!

Aguas cristalinas, verdes bosques y exquisita comida son los atractivos naturales y gastronómicos que motivan a miles de personas a llegar a Santa Marta. Una vez pisan la calurosa tierra caribeña, el carisma y alegría de los samarios contagian a los turistas, sintiéndose cálidos; como en casa.

Luego de recorrer el paraíso, al que llamaron Parque Tayrona, los fríos ríos y cascadas de Minca, las playas de Taganga y El Rodadero, la mayoría de visitantes se instalan en hoteles, apartamentos u hostales ubicados en el Centro Histórico de la ciudad. Luego de alojarse, casi todos deciden dar paseos para ver el mágico atardecer en la Bahía más linda del continente; tal vez tomándose una copa en algún bar o restaurante de La Marina, observando ese bello proceso cuando el sol va cediendo, dejando a su paso una estela de color naranja en el mar azul e iluminando el morro.

Otros tantos deciden caminar por el Parque de los Novios, bajo la mirada imponente de Santander, el general de la Nueva Granada. Por lo general, los enamorados deciden sentarse en las bancas, charlar y apreciar el cielo. Pero, no es un lugar excluyente para los solteros, pues, también es un buen plan para salir con los amigos a comer comida local e internacional, destacándose la gastronomía mexicana, italiana, española, y claro, no podía faltar la típica comida de mar, a la que los extranjeros ven como un exótico manjar.

Pero no todo es romance; una vez se esconde el sol y sale la luna, el ambiente se transforma en fiesta y alegría. La vida nocturna del Centro Histórico es fascinante. Hay planes de todo y para todos los gustos las edades y las preferencias. Los pasillos de esta zona parecen estar llenos de pequeñas figuritas como hormiguillas, pero no, es solo muchísima gente que departen con familiares, parejas y amigos de copas, cervezas para calmar el calor, mucha comida y claro, buena música.

Juan David Ortíz, es un samario que trabaja en un famoso bar de la ciudad llamado Marley, y uno de los más antiguos del sector; lugar que con su ambiente rastafari y música reggae divierte y deleita a los visitantes. Ortíz asegura que el turismo en esta zona es muy bueno, sobre todo los fines de semana.

Por su lado, Oswall Polo trabaja hace un mes en Aborigen Café, antiguamente la casa del correo. Sus colores amarillos combinados con rojo del lugar hacen transportarse a la época colonial. Polo expone que, desde hace tres años a la fecha hay mucho movimiento turístico. Sobre todo visitan el lugar personas de Alemania, Francia y Suiza quienes, aprovechando su paso por esta ciudad deciden sacar un tiempo en el día para deleitarse con un delicioso café, producto importante del país.

Bares, discotecas y restaurantes son los locales que adornan el parque. Pero no todo es comercio, pues, Santa Marta es tan amable y acogedora que, recibe a propios y ajenos, que se ubican en los pasillos de este sector a practicar algunos deportes o arte. Y, como es costumbre ya, todas las noches se instalan unos venezolanos y algunos samarios a realizar chistosas coreografías de baile, combinado con teatro, comedia y breack dance; cosa que impresiona a los extranjeros, quienes no están acostumbrados a ver este derroche de fiesta y alegría callejera en sus fríos países. 

Pero, también hay espacio para el deporte. Pues, en el Parque Simón Bolívar, se reúnen chicos a practicar el skate bording o más conocido como ‘montar en patineta’. Así lo afirma Cristian Romero, un joven de 20 años, estudiante de gastronomía, nacido en Cartagena, pero recién llegado a Santa Marta, quien, en sus tiempos libres se dedica a realizar esta actividad, dice por la familiaridad y unión que encuentra en otros adolescentes que también lo hacen, a quienes considera como su familia.

Aquí hay lugar y espacio para todos. No solo abundan turistas que vienen a pasar unas deliciosas vacaciones al Caribe colombiano, sino también extranjeros que ven en esta ciudad una oportunidad de ganarse algunos pesos haciendo arte, sobre todo música, así como Florencia, una hermosa rubia de ojos verdes proveniente de Argentina, quien lleva viajando un año y medio, y Simón, un venezolano. Esta pareja de músicos mochileros se conocieron en Barranquilla y decidieron pisar tierra samaria porque consideraron que hay mucho más turismo. Sin embargo, creen que deberían  existir instituciones que apoyen más a los artistas y que la calle no sea el único escenario y escuela de formación.

Una vez los músicos mochileros se despiden con un brillo en sus ojos que inspira confianza, y esa sonrisa de oreja a oreja que refleja en ellos un espíritu alegre y relajado, uno se encuentra con más arte, y en este caso son las artesanías. Luz Mary es una señora que vende estos preciosos objetos, entre los que se destacan las mochilas Wayuu, elaboradas por los indígenas de La Guajira; las mochilas Arhuacas, hechas por los indios Arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta, y demás objetos que atrapan la atención de los turistas, que quedan embelesados, casi hechizados con estos hermosos elementos hechos a mano.

Queda demostrado que, Santa Marta es Caribe, es magia, alegría, diversión, música, cultura, comida, fiesta. Y todo eso se concentra en el Centro Histórico de la ciudad, haciendo de este un lugar mágico, agradable y acogedor. Y sí, en Santa Marta estamos jodidos con la falta de agua (teniendo tantos mares y ríos); con el pésimo servicio de energía que se presta, con los políticos corruptos que se roban el dinero del pueblo pero, si quieres olvidar por un rato estos pesares, ve al Centro, allá seguro te sentirás bien, como en casa.

 

 

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