En el lugar y momento equivocado, siempre. Atracos en Santa Marta, en cualquier parte  

Por: Liseth Castillo

Soy propensa a los atracos, y digo que lo soy porque en cuatro años y medio han intentado robarme cuatro veces, dos de ellas con éxito.

Tenía 17 la primera vez. Eran casi las siete de la mañana y yo me dirigía a la universidad cuando dos hombres en una motocicleta me abordaron, pusieron un revólver sobre mi cabeza y arrancaron mi bolso.

Según encuestas del DANE, para ese año, 2013, Santa Marta aparecía como una de las ciudades con mayor porcentaje de hurto a personas en la región, con un 6,9% en comparación con Barranquilla, con 5,7%, y Valledupar, con 4,9%. No era una sorpresa que me hubiera pasado a mí.

Un año más tarde volvió a ocurrir durante el mediodía: esta vez, el hombre fingió llevar un arma debajo de su camisa, lo que incluso en el momento me pareció algo torpe, pues se notaba que era su mano, así que corrí y, afortunadamente, a ese sujeto no se le dio por atropellarme; aunque si hubiese llevado un compañero seguramente ésta se sumaría a mi lista de atracos concretados.

Para el 2014, el ex-alcalde Carlos Caicedo sancionó un decreto que prohibía el parrillero hombre en las motocicletas, logrando que se redujera el índice de criminalidad y de hurtos, que en noviembre de ese año sólo registró 71 casos, según las cifras del Observatorio Distrital de Seguridad y Convivencia (ODSC). Sin embargo, un informe de la misma entidad indica que, en el primer semestre de 2015, este tipo de delito aumentó en un 46%.

Y, por supuesto, yo volví a caer en ese porcentaje. Precisamente en ese semestre ocurrió la siguiente vez: salía de un restaurante con algunas amigas a eso de las 8 de la noche cuando, de nuevo, dos hombres en una moto se pusieron delante de nosotras, apuntaron hacia una de ellas y nos quitaron todo lo que llevábamos. No existe un decreto que valga cuando no hay policías cerca (e incluso tampoco cuando los hay).

El Censo Delictivo de la Fiscalía General de la Nación para el 2016, señaló que el delito más denunciado fue el hurto, con 314.511 casos, de los cuales, sólo 967 correspondieron a Santa Marta, esto último según la ODSC; aparentemente nada comparado con Barranquilla cuyas cifras revelan 2.297 reportes (y eso que bajaron los casos).

Esa supuesta seguridad que se mantuvo en la ciudad durante el año anterior sin duda no se reflejará este año. Ya van varios casos conocidos por la opinión pública que indican los altos índices de robos y otros delitos que se evidenciarán en el 2017, aunque aún no haya reportes oficiales.

Hace algunas semanas unos turistas fueron víctimas de robo y abuso sexual en Taganga, y entonces todos se indignaron por la inseguridad y la imagen que está proyectando la ciudad. Pero no era nada nuevo. Ni en Taganga, ni en el resto de Santa Marta: cuatro hombres armados asaltaron a más de veinte personas en Cholao’s hace un mes, he escuchado más de una historia sobre delincuentes que ingresan a residencias y se llevan televisores, dinero o cualquier cosa de valor; por no nombrar las veces que otros estudiantes han sido atracados saliendo de la universidad.

Para variar, este año también volví a ser afectada por la delincuencia común; de hecho, la de hace un mes fue la más violenta: el muchacho, que no debe medir más de 1.70, me arrastró por el suelo, arañó mi brazo y partió mis lentes a fin de quitarme el bolso, mientras me enseñaba un arma de juguete.

No lo consiguió, y no fue por la intromisión de un valiente policía que llegara a rescatarme: a unos 30 metros, un señor que entraba a un estadero lo vio y el malandrito prefirió huir, eso sí: caminando con toda la paz del mundo y como si nada hubiera pasado.

Que te roben es fácil. Perder el teléfono, dinero y documentos es fácil. Recuperar lo que te quitaron es fácil. Lo difícil es superar el estrés postraumático. Desde la primera ocasión no puedo evitar temblar cuando una motocicleta pasa a mi lado, ya puedo escucharlos diciendo “no vayas a correr” o “dame el celular”, puedo sentir el frio acero del arma contra mi frente y sus manos halando lo poco o lo mucho que llevo conmigo.

Ah, pero según el alcalde, Rafael Martínez, “Santa Marta es mucho más segura” gracias a la unión de las fuerzas Alcaldía-Policía, Los Vengadores Criollos (léase con voz irónica) y a las 325 cámaras que instalaron el año pasado, al menos eso le dijo a El Heraldo[1]. En la misma nota el periódico revela que una encuesta de percepción concluyó que “el 32 por ciento de los habitantes dicen sentirse protegidos. Un 45 por ciento se encuentra en un estado neutral mientras que 23 por ciento teme”.

Yo quisiera saber de dónde salió esa encuesta y por qué no participé. ¡Qué sarta de mentiras! La policía nunca está cerca cuando te roban, y dudo mucho que hayan filmado al último que se me abalanzó encima para quitarme el celular.

Recuerdo que, hace algunos años, cuando tenía 15, podía caminar a las 10 de la noche por cualquier avenida sin que nada me pasara, lo hice muchísimas veces. Ahora, con más edad, ni si quiera se me ocurre pararme en una calle solitaria a las 4 de la tarde, porque en cualquier lugar estás ‘dando papaya’.

Ya no se trata del sitio en el que estés, si estás hablando por celular o si llevas joyas o prendas que resalten: en Santa Marta te pueden robar EN CUALQUIER PARTE y a CUALQUIER HORA.

 

[1] https://www.elheraldo.co/magdalena/union-de-alcaldia-y-policia-hace-que-indices-de-delincuencia-bajen-270401

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