Relato del mayor desplazamiento en la Sierra Nevada: 15  años después del enfrentamiento de los paramilitares de Giraldo con los de Castaño

 Ana Mora y su esposo Alexander Mandón relatan el drama que padecieron hace 15 años en la Sierra Nevada de Santa Marta cuando la guerra entre la casa Giraldo y Castaño los llevó a desplazarse a la Troncal del Caribe y vivir a la intemperie un mes. 

Por. Michelle Castro

Estudiante de quinto semestre de Comunicación Social y Periodismo

Universidad Sergio Arboleda seccional Santa Marta

En su casa ubicada en la vereda de Guachaca, Ana Mora, cocina al tiempo que atiende a su pequeño  Kevin de dos años. Está a la espera de sus otros cuatro hijos, Alexander, Gina, Yudis, Eli y, su esposo, Alexander Mandón. Pronto, los pequeños llegaran de la escuela y su esposo del trabajo a almorzar. Ella les tiene preparado un sancocho de gallina el plato preferido de todos. El reloj marca las 12:30 y comienzan a llegar. Ana  los recibe  dándoles un beso y les dice que pasen a la mesa que enseguida les sirve la comida.

Todo parecía normal ese 2 de enero de 2002, hasta que la tranquilidad es interrumpida por unos hombres quienes en voz atemorizante espetaban que tenían que evacuar las casas porque serían desplazados a la vereda de Calabazo. Lo que estaba por venir era el cruento enfrentamiento que durante días sostuvieron los hombres del clan Giraldo, con los también temidos paramilitares, de la casa Castaño. Ana solo tuvo tiempo de empacar algunos trapos porque les tocó correr a los camiones para salvaguardar su vida y la de su familia. La sopa quedó servida

Apretujados en el camión los embargaba la incertidumbre de no saber qué les esperaba. Los ahogaban las mismas dudas que a todas las demás personas arreadas en ese vehículo. Al llegar a Calabazo todo era caos, Ana nunca habían visto una realidad tan desconsoladora, gente en la carretera, niños llorando, personas buscando a sus familiares, miedo… sufría como madre de pensar en las situaciones que padecerían su pequeño Kevin y el resto de sus hijos.

Alexander por el contrario trataba de ser lo más positivo posible y darle fortaleza a su esposa. Éste comenzó a buscar en qué lugar acomodarse porque entre tanta gente tocaba buscar un pedacito de tierra donde poner los costales para dormir. Mientras tanto  caminaba durante quince minutos a una quebrada para bañarse y esconderse entre los matorrales para hacer sus necesidades fisiológicas.   

La familia Mandón Mora junto a más personas dormía a la intemperie y sobrevivía con las pocas ayudas que enviaba el gobierno, el gremio de comerciantes de Santa Marta y los mercados que hacía llegar el comandante paramilitar Hernán Giraldo.

  Foto. El Informador. 

Recuerda Ana Benilda Mora que a los diez días de estar en el desplazamiento y toma de la carretera Troncal del Caribe su esposo construyó un racho de plástico para tener mayor privacidad y no estar tan expuestos al sereno de la noche. Igualmente, con las pocas tablas que encontró por allí, hizo una cama.

Los habitantes de calabazo y otras veredas como muchos colombianos han tenido que sufrir los estragos de la guerra. Aquel enero del 2002 fueron  despojados de sus tierras para ser protegidos en el sector de calabazo donde permanecieron un mes refugiados.

Según datos de la Defensoría del Pueblo el desplazamiento masivo de la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta movilizó a más de 9.000 personas de 38 veredas.   

El comandante al mando Hernán Giraldo para darle fin a la cruenta guerra  tuvo que realizar un acuerdo con la casa Castaño para que el comandante Jorge 40 se trasladara hasta Calabazo  a iniciar diálogos. Giraldo envió a uno de sus hijos, Daniel alias ´El Grillo´, como garantía del acuerdo.

Las cifras de los muertos que dejó este enfrentamiento nunca se conocieron. De acuerdo a la información que suministró Nodier Giraldo, jefe de finanzas del Bloque Resistencia Tayrona, los dos bandos acordaron no hablar de las bajas para no generar resentimientos entre las partes “prefirieron hacer borrón y cuenta nueva”. No obstante, señala que pudieron  haber muerto 200 combatientes de ambos bandos.

Oficialmente tampoco se ha conocido el número total de caídos en combate porque los muertos nunca llegaron a la morgue de Santa Marta, capital del departamento.    

 

 Foto. El Informador. 

 

Después de la incertidumbre y sosiego la familia Mandón Mora y el resto de familias de la Sierra Nevada que se desplazaron pudieron regresar a sus hogares. Sin embargo, la guerra generó en los habitantes de esta zona rural, pérdidas materiales y económicas, igualmente trajo consigo enfermedades y daños emocionales.

Ana mora no volvió a ser la misma señora llena de vida y luchadora. Por el contrario,  sus nervios se alteraron y empezó con una insuficiencia cardiaca, la cual padece en la actualidad. Tiene 57 años, pero aparenta ser una mujer de más edad.

De esta guerra, Daniel Giraldo, dice que el desplazamiento ellos lo ordenaron para proteger la vida de los campesinos porque en el año 2.000  la comunidad había quedado en medio del fuego cruzado cuando a la zona incursionó la guerrilla.

 “…Más que todo fue por eso que se dio el desplazamiento de las personas hacia la parte de la Troncal. Para cuidarlos y no dejar que quedaran en medio del conflicto, en medio del fuego cruzado entre las dos organizaciones” dijo alias ´El grillo´.

Por su parte, un fiscal del caso, que prefirió mantener su nombre en reserva, señaló que  el grupo paramilitar comandado por Hernán Giraldo usó a la población como escudo humano.

“Ellos no tenían suficientes paramilitares para combatir a los Castaño, por eso desplazaron a todos los campesinos, comerciantes y habitantes de la zona para mezclarse con ellos y poder ser confundidos, logrando así no ser identificados” señaló el Fiscal.

 

Foto. El Informador. 

Esta guerra que empezó hace muchos años entre los grupos paramilitares aún deja víctimas,  según el informe de las oficinas de Justicia y Paz, se han hecho reparaciones a los afectados pero aún se siguen registrando personas tocadas por ese conflicto.

Lo cierto es que quince años después de este, el mayor desplazamiento masivo de la Sierra Nevada de Santa Marta, muchos de los implicados se acogieron a procesos penales y confesaron sus crímenes. Algunos purgan sus condenas tras las rejas y otros más ya están libres. En lo que sí coinciden todas las personas que estuvieron en el bando de las víctimas y de los victimarios es que no quieren que un episodio  como este que relata la barbarie colombiana se vuelva a repetir.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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