La pelota de la corrupción: ¿Al Unión Magdalena llegó el “abogado del diablo”?

A la lista de antecedentes que empañan al ‘grupo bananero’, como investigaciones por lavado de activos y que su máximo dueño se encuentre en prisión por asesinato, se le suma la llegada de un nuevo administrador, sindicado de prestar su anterior equipo, el Independiente Santa Fe, al Cartel de Bogotá.

Investigación de: Danya Balero, Sharit Romero, Paula Garcés. Olga Ortíz, Alfredo Chamorro y Yiseth Jiménez. Estudiantes de la asignatura Periodismo Investigativo. Universidad Sergio Arboleda.

En los meses pasados la sociedad samaria se conmocionó ante el prometedor futuro que se vislumbra con el cambio de administración por el que pasó el equipo de fútbol que representa al departamento.

Gracias al arrendamiento financiero por cinco años, con opción de compra, se logró lo que muchos hinchas del Club anhelaban desde hace mucho tiempo: la renuncia de Eduardo Dávila a la administración del Unión Magdalena. Y, aunque las expectativas de la audiencia y la afición hacia el nuevo propietario, Luis Eduardo Méndez, son bastante altas, surgen muchos interrogantes sobre las manchas que hoy siguen empañando la carrera e imagen futbolística del mismo.

Podría suponerse que con la posesión de la nueva dirección del Club, este tenga aspiraciones de afrontar la presente situación y ascender en sus logros, pero pareciera que su destino es que la administración estuviese enredada con la justicia, puesto que, tanto las pasadas, como la nueva administración, poseen antecedentes judiciales relacionados con enriquecimiento ilícito, narcotráfico y lavado de activo, haciendo que esta sea la razón de que el equipo no rinda en materia deportiva y avance de categoría.

El Club Unión Magdalena fundado el 19 de abril de 1953, fue el primer equipo de la Región Caribe en ser campeón del fútbol colombiano en 1968, asistiendo también a un torneo internacional representando al país en la Copa Libertadores.

Esta suerte no duró mucho tiempo, debido a que, por dos veces, bajó a la B. La primera fue en 1999 al  quedar en el puesto 14 del campeonato con 44 puntos y la segunda en 2005,  nuevamente recae a la categoría B quedando de últimos en la tabla general.

Desde los años 70 las dificultades para el Unión no solo eran de carácter deportivo, algunos de sus dirigentes, como Eduardo Dávila, su dueño, era investigado por las autoridades por estar vinculados a delitos de droga, una problemática que no solo se estaba presentando en este equipo sino en otros más del país.

Eduardo Dávila

La crisis en la que entraron diferentes oncenos deportivos, los llevó incluso a la quiebra por falta de patrocinadores y las bajas ventas en las taquillas. Esta iliquidez los llevó a asociarse con personajes reconocidos en el mundo del narcotráfico y el lavado de dólares, primero como patrocinadores filántropos y luego como  accionistas y propietarios de los equipos más importantes.

En el caso del grupo samario, sus propietarios en ese entonces, Eduardo y Ricardo Dávila Armenta, se encontraban siendo sindicados por las autoridades estadounidenses de ser los promotores de la bonanza marimbera en la Costa Atlántica. En los 90, el primero de ellos fue detenido por la Fiscalía General de la Nación, imputándole cargos por el delito de enriquecimiento ilícito.

Eduardo, quien pasaría a ser más tarde su único titular, poseía un capital importante, que según lo explica Fabio Castillo en su libro ‘Los Jinetes de la Cocaína’, aprovechó para mover el negocio en todo el Departamento, por lo cual en los años 1977 y 1979, se vio involucrado en su primer lío contra la justicia: le libraron dos órdenes de captura en la Florida, Estados Unidos por tráfico de marihuana.

Conforme fueron pasando los años, y con la adquisición de un club deportivo bajo su cargo y administración durante todo este tiempo, las cosas para Dávila no cambiaron mucho, puesto que dentro de los 20 años en los que estuvo dirigiendo al Unión Magdalena los problemas judiciales no parecieron detenerse. Volvió a estar sumergido en capturas y procesos, no solo sobre el narcotráfico, sino también por nexos con el paramilitarismo.

Sin oponer resistencia, el 16 de abril de 1994, Dávila fue capturado durante un partido del Club, porque se encontraron 1.900 kilos prensados de marihuana en una de sus propiedades en Bahía Concha, una mancha más para la reputación del equipo. Por este hecho, aparte de haber sido legalizada su captura, en 1997 fue condenado a 10 años de cárcel, aunque en su defensa sostuvo todo el tiempo que todo había sido una representación orquestada por la Fiscalía.

Y por otro lado, uno de los cabecillas paramilitares en la Costa Caribe, Hernán Giraldo, afirmó que en el 2009 el ex presidente del Unión Magdalena había asistido a varias reuniones presididas por el Bloque Resistencia Tayrona de las desmovilizadas AUC.

Hoy en día, Eduardo Dávila se encuentra en la cárcel El Bosque de Barranquilla pagando una condena por 34 años de prisión por el homicidio de Carmen ‘la nena’ Vergara, íntima amiga de María del Pilar Espinosa, mujer que sostuvo una relación amorosa con Dávila después de haber quedado viuda por la muerte de su primer esposo, Jorge Gnecco Cerchar, vinculado también con el paramilitarismo, hecho ocurrido en el 2007.

Ninguno de estos últimos hechos se ha vinculado directamente con la gestión de recursos del club deportivo Unión Magdalena, puesto que ninguno expone que exista algún accionar ilícito por parte del ex presidente del mismo. Los fantasmas judiciales de Dávila solo han conseguido que el futuro futbolístico del club se estanque en la segunda división sin esperanzas de alguna mejora.

Es por esto que al día de hoy, la ilusión de los samarios e hinchas del equipo se activaron al saber que iba a haber un cambio en la administración, ya que la condición en la que Dávila se encuentra podría ser un gran obstáculo para el resurgimiento del equipo, así como lo dijo en una entrevista para el medio digital Habla Deportes, donde sostuvo que “esto del fútbol es con dinero y en estos momentos tengo muchas limitaciones de conseguir patrocinios y hacer reuniones con empresas. El cambio le da otro aire, ayuda a sacar al equipo de Santa Marta y lo vuelve internacional”.

Al parecer el cambio de administración sí posee buenos argumentos para ser la palanca esperanzadora que todo este tiempo necesitó el club deportivo, incluso sus propios jugadores así lo consideran. Juan Camilo Chaverra, arquero del Unión Magdalena, sustenta que en el tiempo en que ha estado vinculado al equipo como jugador, nunca percibió alguna falencia en la gestión del ex gerente, Eduardo Dávila, en cuanto al cumplimiento con los contratos laborales. Pero este mismo afirma que “los malos resultados y las grandes falencias de Dávila se aprecian en cuanto a la organización y manejo de los recursos del club, cosa que se podrá lograr con la nueva administración”.

Contradictoriamente, el periodista deportivo del Hoy Diario del Magdalena, Juan Cardona, afirma que las actuaciones y la condición judicial del mayor accionista del Unión no han afectado al equipo de ningún modo, ni han generado investigaciones significativas que lo comprometan. 

En junio del 2015 fue abierta una investigación por la Fiscalía General, surgida a partir de denuncias ciudadanas y de informes presentados por la Unidad de Información y Análisis Financiero, contra ocho equipos de fútbol colombiano por presunto lavado de activos: Valledupar F.C., Cortuluá, Chicó F.C., Dépor Fútbol Club, Envigado F.C., Águilas Doradas, Once Caldas, y por supuesto, Unión Magdalena, al cual estaban siguiendo específicamente por nexos entre algunos de sus directivos con una persona condenada por tráfico de estupefacientes, quien a la vez, está vinculado a una empresa investigada por el concepto, mencionado con anterioridad.

Su presidente, en ese entonces José Camargo, defendió su gestión y aseguró desconocer si este tipo de dinero ingresaban o no al equipo.

El nuevo dueño del Unión

Pero como si no fuera suficiente, el nuevo arrendador de la dirección del equipo, no posee los antecedentes más admirables. Luís Eduardo Méndez, ex presidente de Santa Fe, estuvo preso en Estados Unidos y ha sido vinculado, tanto él como el equipo capitalino, con el cartel de Bogotá.

Los medios samarios, por su parte, se han centrado en difundir la esperanza de un avance que el ‘habilidoso estratega’ promete para el Unión, suprimiendo de su agenda informativa el turbio pasado del recién llegado.

Méndez, abogado de profesión, estuvo preso cinco años en Estados Unidos por usar su carrera para manipular procesos relacionados con la mafia de drogas en Colombia. Lo que hizo, fue avisarle al narcotraficante Rafael Caicedo que lo iban a extraditar, y por dicha información recibió $150 mil dólares. Este proceso lo llevó a abandonar la presidencia del Santa Fe en el 2006.

Pero antes de acceder a este alto cargo en el equipo bogotano, trabajó como defensor del entonces presidente de Santa Fe, César Villegas Arciniegas, detenido en el proceso 8.000, quien es una de las personas más cuestionadas en el ambiente del balompié.

Para el 2013, dos años más tarde de ser liberado, Carlos Alberto Rincón, alias ‘Chicharrón’, extraditado narcotraficante y socio de Daniel ‘El Loco’ Barrera y del capo Luis Agustín Caicedo Velandia, lo acusó de haber tenido relaciones directas con el Cartel de Bogotá, además de ser el abogado responsable de influir en las autoridades para archivar procesos y ubicar a los delatores del lavado de activos.

“Eduardo Méndez se encargaba con la gente del CTI, de la Dijín y de la Sijín de investigar quién era el ‘sapo’ […] Caicedo y Lozano hacían reuniones en la casa o sede del equipo Santa Fe para hablar de narcotráfico”, es la declaración que reposa en el informe de la Policía Judicial.

Hoy Méndez, quien se interesó en el ‘Ciclón’ al ver la gran cantidad de hinchas que lo apoyaban en un juego realizado en Bogotá, a pesar que perdía 4-0, maneja un bajo perfil lejos de la esfera mediática, pero vocifera ante la prensa de Santa Marta el nuevo proyecto con el Unión Magdalena. La promesa es levantar del infierno de la B al Equipo, pero hay un ‘antes de’, que radica en encontrar un lugar para que el ‘ciclón bananero’ juegue.

Sobre su capacidad directiva, el periodista Juan Cardona, asegura que “Méndez es un gran estratega en cuanto a tácticas futbolísticas, y que, si bien este afirma no tener amor ni sentido de pertenencia por el Club, su plan a ejecutar en el 2017 permitirá al equipo bananero ascender de categoría”. Sin embargo, Cardona no descarta que los fines perseguidos por la nueva cabeza del Equipo sean netamente comerciales

El mismo equipo

Lo que resta de este año, el Club seguirá con la misma estructura con la que ha venido trabajando. En este tiempo, según Ardila, se hará un estudio dentro de la institución de lo que hay y de lo que le falta al Equipo, y las cosas por mejorar. El estudio también tendrá el objetivo de saber qué jugadores continuarán y qué jugadores se traerán; y lo mismo con el tema del cuerpo técnico, tanto en lo profesional como en las ligas menores. Aunque su presentación formal está programada para el mes de Noviembre, Cardona asegura que los ejes centrales de este son: la búsqueda de patrocinadores y la restructuración de la nómina de los jugadores.

En una entrevista, realizada el 8 de junio del año en curso, el máximo dirigente del club, Eduardo Dávila, le afirmó al Informador que puso a la venta la mayoría de acciones, pero no que no hubo ofertas. Dijo también, “es la gente que habla ‘pendejadas’ que no quiero, que sí quiero amarrar al equipo, ahí está la prueba, nadie quiso comprar”.

Las ‘pendejadas’ a las que se refirió Dávila concluyeron en un arrendamiento a un grupo inversor de Bogotá liderado por Eduardo Méndez. Otra más, fue la firma de un contrato que se le desconoce cifra pero que sí se le delimitó fecha, bajo el marco de leasing, el cual es un arrendamiento financiero con posibilidad de compra. Acuerdos que se manejaron a puerta cerrada pero que este personaje resume en ‘pendejadas’.

Por su parte, el jugador Hansel Zapata comenta que desde la llegada del nuevo administrador, Luis Eduardo Méndez, el equipo ha tenido solo una reunión con él, en la que, según el futbolista, no se habían dado directrices definitivas; pues, la administración ha decidido dar inicio a las actividades y cambios a partir del 2017. Asimismo, considera que al Unión aún le falta mucha organización para llegar a ser un equipo grande y a la altura de aquellos que pertenecen a la A, debido a que no se cuenta con instalaciones adecuadas para llevar a cabo un buen entrenamiento y las compensaciones económicas no son las mejores, ya que simplemente se le remunera el sueldo acordado en el contrato sin que se les pague primas ni cesantías a los jugadores.

Sin embargo, Zapata guarda las esperanzas para que con el actual dirigente sí se logren transformaciones sustanciales y alcancen los objetivos planteados y esperados, partiendo de un trabajo colectivo en el que los deportistas tengan el apoyo y respaldo del cuerpo técnico.

Lo cierto es que asumir la administración de un equipo golpeado y en decadencia como el Unión no es tan mal negocio como parece. Jugar en segunda división no es impedimento para hacerse con las millonarias sumas aportadas por los patrocinadores del fútbol colombiano, Postobón, del grupo Ardila Lule, y DirectTV son solo algunos de ellos. La Dimayor, tan solo por efectos de televisión, recibe al año $ 35 millones de dólares, de ese concepto el 20% es dado a los grupos de la categoría B, es decir, un promedio de $ 30 millones mensuales para cada escuadrón. Así las cosas la matemática parece demostrar que bien vale la pena tener un equipo en la segunda división.

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