La noche en que todo se perdió

Relato de Ronaldo Alfonso Rodríguez Mendoza estudiante de cuarto semestre de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Sergio Arboleda, quien padeció en carne propia los estragos de la inundación.

En Sevilla cabecera municipal de la Zona Bananera el día 2 de octubre de 2016, en horas de la madrugada una fuerte creciente desató toda su fuerza en un pueblo de cinco mil habitantes, debido al coletazo que se sintió en la costa norte de Colombia por el paso del huracán Matthew.

Las lluvias se ubicaban en la parte más alta de la Zona Bananera en donde los ríos tienen su desembocadura. El río Sevilla fue subiendo su nivel hasta lograr romper por donde nadie esperaba que se llegara a meter. A muchos los tomó por sorpresa y no pensaron que se fuese a repetir una inundación como la ocurrida en el año 2010.

Entró por la parte baja del pueblo llevándose todo a su paso. Los más perjudicados, los que viven en la rivera. Venía con toda la fuerza.

Yo me encontraba en Fundación. En ese pueblo el río empezó a meterse desde las 6:00 de la noche. De forma muy natural y seguro que sin pensar en la magnitud del estrago, la Policía dio aviso: “Estén alerta porque viene una creciente”. Pero la gente en Sevilla solo pensaba que de la lluvia paulatina no iba a pasar. Me fui a dormir sin saber nada, solo que caían más y más serenos.

A las 4:30 de la madrugada llegó el aviso, el rio se había metido en mi pueblo y la creciente no tuvo compasión con nada ni nadie, en lugares donde no entraba el rio, como en la casa de mis abuelos Thomas y Bertha, entró y no había un solo espacio sin agua. En la de mi tía Linda la creciente entró con tanta fuerza que tumbó los sacos de arena que en la puerta había puesto. En casa de mis amigos y vecinos pasó igual. Hasta allí quedaron colchonetas, muebles, neveras, zapatos, libros… se llevó todo.

El río arrasó hasta con los sueños de muchas personas que vieron en Sevilla una oportunidad de rehacer su vida. Enseres que con mucho esfuerzos habían conseguido. Es inevitable hablar de mi pueblo sin que mis ojos se llenen de lágrimas. Esta es para mí la noche en la que se perdió todo, la madrugada más dolorosa.

A las 6:00 de la mañana el desespero de mi mamá era tan grande que no nos importaba en que irnos para Sevilla. Solo nos preocupaba lo que estuviera pasando en las casas de nuestros familiares y amigos.

Alistamos las maletas para irnos pero las noticias decían que en el corregimiento de Tururinca, el rio que lleva el mismo nombre, estaba pasando por la carretera. Se había restringido el paso de los vehículos.

Luego de horas súplicas e incertidumbre nos embarcamos en un bus que iba para Barranquilla. Al llegar a Tucurinca el rio pasaba por la carretera. La policía recomendaba que pasara por un solo carril y a velocidad baja.

Al llegar a Cerro Azul, entrada a Sevilla, tenía miedo. No sé si eran los nervios o el cansancio que me vencía, pero por primera vez sentí frio en estas tierras donde la temperatura quema. En moto taxi emprendimos el segundo viaje hasta llegar al barrio Gabriela.

Allí las lágrimas no las contuve. Caminamos en medio del fango y el agua turbia que por trayectos nos daba al pecho. Todo estaba inundado, hasta la casa de mi abuelo donde nunca había ocurrido.

Las horas pasaban y el agua poco a poco se iba escurriendo. Cuando finalmente bajó un poco me trasladé para donde mi tía Linda. Con escobas y palas chapaliamos, si el verbo existe, todo el barro que pudimos. Nos dieron las 10:30 de la noche, sin luz. Con miedo pero con determinación me volqué a las calles y seguí por las mismas, aun estas tenían agua. Solo quería descansar y comer.

Comí y pasé una noche más sin dormir, amarga. Cuando los pocos gallos que quedaron vivos cantaron, mi madre me mandó para Santa Marta, a seguir estudiando y para evitar que contrajera alguna enfermedad.

Me fui apesadumbrado encontrando por el camino barro, piedras, ropa, algunas libretas y la tristeza de saber que no va a haber nadie que nos repare, que nos ayude a recomponernos de esta tragedia, que le devuelva los sueños a quienes lo perdieron todo.

Me fui mirando atrás, sabiendo que cuando el barro se seque y el polvo se vaya nos volveremos a sumir en el abandono y pobreza de unos pueblos que solo son noticia cuando las tragedias los golpea. Amanecerá y esperaremos otra creciente.

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Comentarios   

0 # victoria dennys 11-10-2016 02:34
Q pena meda de mi pueblo querido y mi familia y mis amigas y amigos
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