La tragedia venezolana de los profesores de la Universidad Autónoma del Caribe ante la falta de pago  

Por. Humberto Coronel N.

Si se hiciera una encuesta en el país de las profesiones más degradas en las últimas tres décadas con base a la sobre carga laboral, alto nivel de estrés, baja remuneración, pérdida de prestigio y poco poder de acción e interacción ante sus jefes y los estudiantes que son tratados como clientes, ganaría la de profesor de una universidad privada. Si el estudio se delimitara a los últimos seis años los profesores más degradados, humillados, sumisos y con la moral en el piso, sin lugar a dudas el premio se lo llevarían de lejos los docentes de la Universidad Autónoma del Caribe en Barranquilla.

Apelo a la generalización porque el miedo es el factor común entre la Comunidad Académica de esa Alma Mater y ha hecho de los docentes unos profesionales sin capacidad de disentir sobre lo que está ocurriendo al interior de la Universidad, un ícono en educación en el Caribe.  

El pánico que padecen los profesores de cátedra y de planta los ha llevado a hablar en voz baja y a escondidas como si tramaran un delito. A cortar las conversaciones en el celular por el temor a que la línea se encuentre intervenida o alguien los grabe.  A limitar la mensajería por wasap y borrar lo que en sus redes sociales publican los amigos, para evitar una reprimenda, porque hasta en el ciberespacio los acosa el poder y la ira del jefe.  

Los profesores de la Universidad Autónoma del Caribe pasaron del uso de la corbata y camisa manga larga, impuestas por la anterior rectora, Silvia Guette Ponce. A la ropa vieja y gastada que hoy visten como consecuencia de las decisiones administrativas que viene tomando el actual rector Ramsés Vargas. Aunque la moda es lo de menos lo que quiero significar con esto es que antes los profesores el sueldo les alcanzaba para coleccionar mancornas y pisa corbatas, y hoy la ropa es lo que menos importa porque están pasando física hambre.

En el segundo período académico de 2017 a los catedráticos solo les pagaron el primer mes de clases. Y a los docentes de tiempo completo hasta octubre. Les adeudan a los primeros, los meses de agosto, septiembre, octubre, noviembre, diciembre, primas y la liquidación. Y a los segundos, noviembre, diciembre, enero, primas, intereses de cesantías y vacaciones. La Universidad no ha pagado la seguridad social.

Los profesores de la Universidad Autónoma del Caribe están en tan paupérrimas condiciones laborales que cuando se enferman en las clínicas no los atienden porque el empleador no ha pagado la EPS, casos hay por docenas pero ellos prefieren no hablar. Recurren a los amigos y familiares para comprar medicamentos y ser atendidos por médicos particulares. No puedo decir los nombres propios de quienes padecen las penurias porque corren el riesgo de que los echen. 

Conozco el caso de varios de ellos que han perdido los carros, apartamentos y casas porque no pudieron seguir pagando las cuotas de manera puntual y los intereses acumulados de años de atrasos superó los ingresos. Otros fueron expulsados de sus casas porque han llegado a acumular hasta más de cuatro meses de arriendo y al dueño de la propiedad no le sirve ese negocio, se han ido a vivir a cuchitriles estrechos o como arrimados donde familiares. Los profesores dejaron de comprar en supermercados porque son los tenederos quienes se han hecho cargo del sustento alimentario de estos a través del fío.    

No pueden decir nada, ni preguntar cuando les van a pagar porque Ramsés Vargas los despide. Los más humillante es que famélicos y con el estómago en el espinazo son obligados a defender a la Universidad a través de las redes sociales, ante cada denuncia que ha emprendido la W Radio en Bogotá, porque en Barranquilla los directores de medios y dueños de los mismos parecen no haberse enterado de lo que ocurre al interior de la Universidad. Ni Jorge Cura, el más escuchado periodista de la ciudad, ni el Heraldo, ni La República, ni El Tiempo en su edición impresa, han sido capaces de investigar y denunciar el drama de los profesores o por lo menos el de los propios colegas del connotado programa de Comunicación Social y Periodismo.

La Universidad Autónoma del Caribe es como una pequeña Venezuela dentro de Barranquilla y sus trabajadores son los empleados del régimen que marchan para defender lo indefendible. Todos los profesores buscan afanosos, horas de clase en otras universidades y colegios para poder tener una entrada económica de verdad. Viven del rebusque y al final de cada día llegan a sus casas a verles las caras a sus familias, lamentar la tragedia, y comer en la penuria lo poco que encuentran en la nevera porque hasta Electricaribe los trata como ciudadano de última categoría, si cabe la denominación.      

Ayer renunció Harold Ballesteros Valencia, un profesor del programa de Comunicación Social y Periodismo, Dr. En Ciencias Humanas, con una destacada hoja de vida en Colciencias y varias décadas al servicio de la Academia. Se fue muy triste y sintiéndose derrotado, como muchos que no han llegado a la renuncia. En diciembre los profesores Robín Jiménez del programa de Dirección y Producción de Radio y Televisión, Linda Bernal del programa de Humanidades fueron despedidos porque se atrevieron a preguntar cuando les iban a pagar ante tantos días de atraso. Aún no les han pagado sus liquidaciones y pasaron la fiesta decembrina más amarga que puedan recordar.   

El pasado 29 de enero por fin el Ministerio de Educación Nacional emitió la resolución 01227 para abrir investigación preliminar a la Universidad, al representante legal, al rector, a los directivos, revisor fiscal o cualquier persona que ejerza la administración y/o el control de la institución por los “supuestos atrasos en los pagos de las nóminas docentes de la Universidad Autónoma del Caribe”.

Una decisión que llega bastante tarde ante las infinidades denuncias que a diario se escuchan en el programa de Julio Sánchez Cristo:  deuda a proveedores; liquidar la universidad en Barranquilla y quedarse con la sede en Miami; malos manejos de los recursos; le están pidiendo colaboraciones a los egresados; el rector tiene un sueldo multimillonario al igual que sus familiares y la esposa recibe plata sin trabajar en la institución; hay contratos irregulares; se han perdido recursos de la venta del equipo de fútbol al igual que de un lote al norte de la ciudad….entre muchas otras irregularidades que podrían llevar al cierre de esta importante casa de estudios para los jóvenes del Caribe colombiano.