La delincuencia le está ganado la batalla a la seguridad en la “Ciudad del buen vivir” y las autoridades siguen sin tomar medidas eficaces

Por. Humberto Coronel N.

El asesinato público de Rafael Alejandro Viloria Franco, el vigilante que el pasado domingo un grupo de pandilleros del barrio El Parque mató en plena calle a piedra y puñal, ante la mirada cómplice e insolidaria de los vecinos, tendría que ser el detonante de la inseguridad que desde hace un par de años azota a los habitantes de Santa Marta y los turistas que vienen de vacaciones.

Este no es un hecho aislado, es un suceso más de la degradación progresiva en que los delincuentes están sometiendo a los habitantes que trabajan, estudian o vienen a gastar su dinero en un lugar que se precia de ser turístico, y que sus autoridades distritales y policiales, se empeñan en vender como “Ciudad del buen vivir” sin hacer lo suficiente para contrarrestar los hechos delincuenciales que se registran todos los días.

A Viloria Franco lo mató un grupo de asesinos que se droga y atraca en plena vía pública del cual había habido diversas quejas. Las autoridades y los vecinos tenían pleno conocimiento de las acciones delincuenciales y no hubo una acción previa que pudiera evitar un hecho como el ocurrido.

Lo que aterra del homicidio, además de la manera violenta en que efectuaron el crimen, es la complicidad de las personas que se limitaron a ver y grabar la “lapidación”, y que aun después de que se lanzara la última piedra solo se acercaron a ver si la víctima había muerto. Durante minutos registraron extasiados con los celulares el momento preciso del deceso.  Ninguno lo auxilió, ninguno intentó aliviarle el sufrimiento.

En Santa Marta todos los fines de semana en el centro histórico las personas que llegan a comer y rumbear si no salen en grupo del bar o restaurante son atracadas y heridas a puñal para despojarlas de sus pertenencias. Ocurre en El Parque de Los Novios y en las calles que lo circundan, incluso antes de la madrugada.

Le pasó hace dos semanas a Daniel Gonzáles un ingeniero español que trabaja en La Mina. Había llegado a Santa Marta a descansar un par de días y lo atracaron y cortaron con un puñal en el brazo para quitarle celular y billetera. Los uniformados, cuando aparecieron, solo escucharon el reporte de lo sucedido. Quedó sin documentos y sin ganas de regresar a la ciudad. Ese sábado hubo tres atracos más en la zona con heridas de cuchillo.    

En los alrededores de las universidades y colegios de esta capital es pan de cada día que sujetos en moto atraquen a los estudiantes. Les quitan celulares, bolsos, computadores, les disparan y algunos resultan sin vida como le ocurrió a la joven Silena Peña Cantillo a quien asesinaron para robarle el computador e hirieron a su compañero Estiven Ensuncho cuando se resistió. En otro hecho también resultó sin vida Lina Payares al oponerse a un atraco. Ambas chicas estudiaban en la Universidad del Magdalena.    

A Yuritza Pacheco, estudiante de la Sergio Arboleda, el pasado viernes un hombre en moto ingresó al colegio Divino Niño donde la joven esperaba para hacer un trabajo, la hirió con un puñal en la garganta y le quitó el celular. El tipo se fue con toda la tranquilidad y ella quedó traumatizada. Aunque el hecho ocurrió en un colegio, todo el tiempo los estudiantes de esta Universidad ingresan llorando a clases porque las atracan en cercanías a sus dos sedes.

Los gimnasios, sus alrededores, los parques, las playas y el sendero peatonal del Ziruma son también escenarios de robos.  Los videos abundan de los atracadores en flagrancia y estos siguen en las mismas zonas al acecho de sus víctimas sin que las autoridades los capture.

A María José Illidge, una mujer que hace deporte todos los días, la tumbaron de su bicicleta un domingo en la mañana cuando subía el Ziruma. En el piso, golpeada y asustada, tuvo que resistir a un hombre que se le tiró encima y le quitó el teléfono celular con el que escuchaba música.  

A Valentina Carrión cuando salía del gimnasio Alan Sport en Gaira un sujeto en una motocicleta le apuntó con un arma en la cara, la golpeó y le dijo que la iba a matar. El ladrón se ofuscó porque la joven le dijo que no tenía celular. El tipo se bajó de la moto y le tocó los senos. Le subió la blusa y vio qué en la cintura, entre la licra, tenía oculto el teléfono. Le metió la mano, agarró el móvil y tocó la entre pierna de su víctima. La golpeó en la cara con el arma gritándole todo tipo de improperios.

La joven de 16 años, que se sintió humillada y vulnerada, duró un par de meses sin salir a la calle del susto y dice que está viva de milagro, que se salvó porque unas personas iban pasando y el ladrón huyó antes de que lo reconocieran.  

A la periodista venezolana Yenibel Ruiz, en momento que grababa un documental en Playa Dormida sobre los migrantes venezolanos para la Universidad de Texas en Austin, dos sujetos en moto la golpearon, ultrajaron y apuntaron con armas de fuego. La despojaron de todas sus pertenencias incluyendo los equipos con los que hacía el trabajo periodístico: cámaras de video y fotográficas. Lo policías del cuadrante se limitaron a decir que en esa zona roban mucho.  

En los barrios tampoco hay seguridad. En sectores populares como Pescaíto, San Jorge, María Eugenia, El Pando, Timayui, Ciudad Equidad….entre muchos otros, los vecinos y las autoridades saben cuáles son las casas donde venden drogas, quienes las distribuyen y quienes la consumen.  Esos expendios siguen allí hasta que algún comandante de policía decide hacer un operativo, pero eso pasa en muy raras ocasiones.     

A las personas las atracan en las puertas y al interior de sus viviendas cuando realizan retiros de los bancos, sobre todo de los que están ubicados en los centros comerciales Ocean Mall y Buenavista.  A Jorge Rodríguez y su esposa dos tipos en moto lo despojaron de sus pertenencias en la puerta su vivienda minutos después de salir de Bancolombia. Le quitaron una suma considerable de dinero, un portátil y el maletín con unos documentos de importancia para él.  

Todos los días en Santa Marta se registran historias aterradoras como estas para cada persona que la padece. Son cientos al mes y miles al año. Lo incomprensible es que en la ciudad funciona un Comando Departamental de Policía, un Comando de Policía Metropolitana, una Secretaría de Seguridad del Distrito y si se quiere un Batallón del Ejército y las cifras de atracos y homicidios aumentan mes a mes.

Pese a que en la ciudad todo el mundo se refiere a los atracos y los homicidios la Alcaldía de Santa Marta se unió en julio de este año a una organización de Bogotá, Fundación Paz y Reconciliación, para preguntarle a la gente si se siente seguro.   Esta Fundación es la que dirige León Valencia quien ha tenido diversos contratos millonarios con la Alcaldía desde el pasado gobierno distrital.

“Con gran satisfacción se dio inicio al Sondeo Barrial por la Seguridad en Santa Marta, una iniciativa liderada por la Alcaldía distrital y la Fundación Paz & Reconciliación, con el fin de conocer cuál es la percepción que tienen los habitantes de la capital del Magdalena sobre la seguridad y convivencia de la ciudad”, reza en la página oficial de dicha fundación.  

El Concejo le otorgó hace un mes la máxima condecoración de la ciudad a la Comandante saliente de la Policía Metropolitana de Santa Marta, Coronel Sandra Vallejos. No es que la comandante no se lo merezca, pero ¿por qué entregar un galardón a quien tiene la responsabilidad de atender la seguridad ciudadana y el orden público, proteger el libre ejercicio de los derechos y la seguridad de las personas dentro del territorio si esto no está ocurriendo?.

Por ejemplo, es oportuno recordarles a los concejales antes de homenajear a las personas, que en esta ciudad en diciembre se registró la masacre de tres mujeres en el barrio Garagoa, los cuerpos presentaban un tiro en la cabeza, estaban de rodillas y con la cabeza inclinada hacia el suelo. Los asesinos tuvieron tiempo de todo y hasta de huir sin que nadie los viera.  

En febrero de este año los medios nacionales e internacionales reportaron el robo a turistas y abuso sexual en una playa de Taganga. Un grupo de hombres encapuchados y armados ingresó en la madrugada en lancha al balneario Playa Rosita y atracó nueve turistas extranjeros y tres colombianos. Los asaltantes tuvieron tiempo de violar a una mujer delante de su pareja.  

En noviembre la expresidenta de la Liga de Natación del Magdalena y rectora del Colegio Howard Gardner, Aury Estela González-Rubio, fue asesinada de siete impactos de bala en el barrio Jardín.  

Y finalmente se podría mencionar que ni la misma Policía se salva. El año pasado una patrullera de la Sijín de la Policía Metropolitana de Santa Marta retiró 234 armas que, al parecer, fueron devueltas a cambio de dinero a la banda criminal Los Pachenca y la delincuencia común.

Pero en la ciudad el Honorable Concejo rinde homenaje a la cabeza de la Policía y la Alcaldía le pregunta a la gente cuál es la percepción de seguridad. Mientras tanto, en las calles los bandidos siguen atracando y matando y los que creemos en Dios rezamos para que nada nos pase