Durante explosiones en el Ejército de Santa Marta: vecinos del fuerte militar huían, chismosos de otros barrios venían con sus cámaras y los niños jugaban en los parques

 

Por. Humberto Coronel N.

Llegó la noche y con ella la tranquilidad de que en horas de la tarde habían parado las explosiones de por lo menos 350 espoletas de granadas en la armería del batallón José María Córdova de Santa Marta, como consecuencia de una falla eléctrica en el lugar donde se encontraban almacenadas.  

Poco a poco la gente fue retornado a sus casas y apartamentos, luego del improvisado plan de evacuación que implementaron nerviosos soldados del ejército del fuerte militar, en los barrios Manzanares, San Pablo, Bellavista y El Prado, desde las 9:00 de la mañana, media hora después que empezaran a detonar las granadas de mortero de 60 y 81 milímetros.  

Por fortuna no hubo tragedia pese a la magnitud de las explosiones que entre 8:30 y 10:00 de la mañana se sintieron como un ataque militar y que después se hicieron esporádicas y menos fuertes hasta la tarde.   

Pero como cosa rara el evento se volvió un carnaval.  Gente en pijama o vestidos con lo primero que encontraron saliendo de sus casas a los gritos llamando a los familiares que ya se habían ido a trabajar; niños de los colegios que circundan el batallón apostados en las vías y jugando en los parques en vez de ir a sus casas porque suspendieron clases; apartamentos evacuados y resguardados por porteros que no paraban de rezar y esperaban la gran explosión de las bombas.

 

Y la playa de Los Cocos repleta de los chismosos de otros barrios que venían a ver el espectáculo, junto  a turistas que llegaron en familia (niños y ancianos en pantaloneta), no sé de donde, dizque para grabar con sus celulares la eventualidad de los juegos pirotécnicos al tiempo que buscaban donde comer y esperar. Los vi y los oí.

 –Ay vé ese restaurante se llama Manuel, comamos ahí mientras siguen las explosiones …ay no está cerrado busquemos otro que quede cerca pa’ seguir viendo….

Una locura en la cual mientras los habitantes del sector salían nerviosos dejando las casas mal cerrada o abiertas, con las luces prendidas y una llave del lavamanos abierta, como hizo mi empleada, otros venían contentos y haciendo chistes para ver lo que pudo convertirse en una tragedia de grandes proporciones.   

Que por fortuna no pasó de un gran susto y de algunas casas con los techos averiados, restos de metal esparcidos en patios y el interior de las viviendas, y la evidencia de un protocolo de seguridad bastante pobre donde todos los miembros de esos organismos esperaban a una distancia prudente a que estallara la última espoleta o granada.  

Hoy la gran pregunta que todos se hacen luego de que pasara el calor de las llamas y las detonaciones es si ¿debe permanecer un batallón del Ejército ocupando un enorme predio frente al mar en una zona residencial de Santa Marta donde hay varios colegios, jardines infantiles y muchas viviendas de todos los estratos pegados a ese fuerte militar?

Y el otro, menos importante, me lo hago yo, es ¿por qué en esta ciudad cada vez que ocurre una situación anormal, incendios, atentados, balaceras y explosiones como estas, la gente en vez de salir a resguardarse sale corriendo para el lugar de los acontecimientos buscando que le caiga una bala, una esquirla, intoxicarse con los gases o lo mate la onda explosiva?  

La primera pregunta la deben responder los dirigentes de la ciudad y el departamento. Alcalde y Gobernadora junto a concejales y diputados ante el comandante en jefe de las Fuerzas Militares de Colombia. Pues no se está exento de que un hecho similar a este se repita, pero con bombas de gran poder.        

La segunda es del fuero personal. Aquí no cabe idiosincrasia ni cultura festiva. En cualquier país del mundo cada vez que ocurre una tragedia, como todos los atentados, ataques terroristas e incendios que hemos visto por estos días en Europa, los habitantes salen corriendo de la zona para protegerse y permitirle a las autoridades y organismos de socorro hacer su trabajo.

A todos aquellos irresponsables les pregunto ¿qué sentido tiene, si no son periodistas, meterse en el lugar donde ocurre una tragedia para grabar con sus teléfonos y empezar a emitir por redes sociales mensajes falsos como el que decía que hubo “un poco de muertos y heridos” y que los estaban evacuando si no era así?

No hay necesidad de propagar el pánico. Y ante una tragedia lo que se necesitan son personas dispuestas a ayudar no a agravar la situación. Para eso se requiere un alto grado de sensatez.